Su nombre deriva de la lengua tupí-guaraní pororó-ká cuyo significado es, justamente, “gran estruendo”. Es que su ruido ensordecedor puede oírse hasta media hora antes de que la ola llegue al lugar. Una ola que se genera cuando la marea creciente del Atlántico se encuentra de frente con la corriente descendente del Amazonas. Así, el choque de ambas masas de agua genera una ondulación cuya energía logra invertir la dirección del cauce durante decenas de kilómetros hasta que, luego, todo se transforma en calma lentamente.
Se preparan durante casi todo el año para sobrevivir a sus secuelas. Hasta a los niños más pequeños les enseñan en los colegios cómo es de devastador. El asesino o el monstruo inunda pueblos enteros y anega tierras. Su sonido, hasta media hora antes de llegar, es aterrador; su rugido anuncia la destrucción, tanto que los nativos le llaman desde hace miles de años Pororoca: El gran estruendo destructivo.
La gran ola de color marrón, que se adentra decenas de kilómetros río arriba y alcanza entre tres y cinco metros de altura, se forma dos veces al año, pudiéndose ver durante tres días, una vez por la mañana y otra por la noche.
Su fuerza es aterradora y arranca árboles, inunda pueblos e incluso se lleva consigo a todos los animales o personas que no tuvieron tiempo de huir.
Su color marrón se debe a que lleva consigo piedras, tierra y otros sedimentos del fondo del rio. Millones de toneladas de caudal de color terroso que el Amazonas vierte al mar luchan por mezclarse con las verdes azuladas aguas del Atlántico a las que hace retroceder varios kilómetros. En este fragor se produce una especie de remolino que produce un ruido único en el mundo, al que llaman ‘Pororoca’ y que puede escucharse a gran distancia como un trueno lejano
Como y Porqué se Forma
Se aproxima el final de la estación lluviosa y la luna llena anuncia la llegada de las mareas vivas a la costa atlántica de Sudamérica. Un sonido atronador recorre la desembocadura del Amazonas, provocando un revuelo de aves aterrorizadas. El resto de animales huye despavorido a la carrera. Los indígenas, que conocen este fenómeno natural desde hace miles de años, le llaman ‘Pororoca’, expresión que traducida al castellano significa algo así como ‘Gran estruendo destructor’.
Causas y consecuencias
Causas
El que este oleaje dure tanto tiempo en avanzar es una consecuencia del enorme caudal del río Amazonas: las aguas de este río (más de 100.000 metros cúbicos por segundo) ocasionan que el agua marina rompa formando olas sobre ellas, pero estas olas se acercan mucho unas a otras por el desplazamiento inferior de las aguas fluviales en sentido inverso, lo que se traduce en una fuerte oposición entre ambas, oposición que es la causante del estruendo. Para que este fenómeno natural se produzca tienen que concurrir varios factores: las fases de Luna llena o Luna nueva, que dan paso a la subida de la mareas más intensas (mareas de zizigia, que son las que se producen cuando los tres astros, es decir, la Tierra, la Luna y el Sol se encuentran alineados), las corrientes marinas y la oposición del océano sobre el río.
Las olas sucesivas de color marrón, que se adentran decenas de kilómetros río arriba y alcanzan en ocasiones hasta cuatro metros de altura en algunos puntos estrechos y encerrados de las orillas y en la misma parte central del cauce (donde la velocidad de las aguas fluviales es mayor), se forman con cierta frecuencia a través del año, aunque la ocurrencia de mareas excepcionalmente "vivas" o intensas es mucho menos frecuente. La altura máxima de la ola se alcanza en el momento de romper al acumularse las aguas superiores del mar sobre las fluviales que las frenan por debajo.
Consecuencias
Los habitantes ribereños suelen estar preparados para tratar de minimizar los efectos indeseables del fenómeno, aunque también tiene efectos positivos, ya que debido a esta lucha del río con el océano, la pesca en las riberas resulta mucho más importante, con especies tanto marinas como fluviales.
Uno de los efectos perjudiciales es la inundación temporal con agua salada en algunas marismas a ambos lados de los cauces en este delta atípico del Amazonas, aunque ello sea inevitable y que también tiene efectos positivos, ya que muchas especies de peces pueden aprovechar estos mecanismos hidráulicos para sus procesos de reproducción y crecimiento. También podría tener efectos perjudiciales al inundar terrenos cultivados pero esto no debe achacarse al propio fenómeno sino al empleo agrícola de esas áreas potencialmente inundables. El problema se debe a que no todas las mareas más intensas llegan a romper el cauce siempre en los mismos sitios, lo que puede dar origen a que los agricultores siembren en zonas que creen más seguras sin serlo. Y este delta es atípico en cierta forma, por los mismos motivos que lo es el delta del Orinoco: la desembocadura del Amazonas es más bien un estuario, con la extensa isla de Marajó en su desembocadura y algunas islas menores, de manera similar a la parte meridional del delta del Orinoco, como se explica en el artículo sobre el fenómeno del macareo.
El fenómeno ha venido siendo utilizado por surfistas que vienen de todas partes del mundo para remontar estas olas cuando penetran en el río: no son muy altas, pero pueden penetrar sobre una de ellas y subir aguas arriba de la desembocadura durante casi una hora. Así pues no se trata de un récord de surf en cuanto a la altura de las olas, pero sí en el de duración sobre una única ola. El primer récord mundial de duración sobre una tabla de surf (una "longboard" especial muy liviana) lo obtuvo en el Amazonas en 1999 Picuruta Salazar, surfista brasileño de 43 años de edad en ese momento, con más de media hora de duración sobre la ola rompiente. Y este récord, se rompió posteriormente.